Avilés esconde una de las escenas gastronómicas más completas del norte de España, y muy pocos lo saben todavía. Entre sus calles empedradas y sus soportales conviven las sidrerías centenarias con propuestas que rompieron moldes hace más de una década, como la fusión nikkei que Ronda 14 trajo por primera vez a la villa en 2011. Si te preguntas qué comer en Avilés, la respuesta no es una sola cocina, sino un recorrido que va de la fabada a la sidra y, después, a un ceviche que nadie esperaba encontrar en el casco histórico.
La Avilés de siempre: fabada, cachopo y sidra en cada esquina
Cualquier ruta gastronómica por Avilés empieza, inevitablemente, por lo tradicional. La villa conserva un casco histórico medieval que invita a callejear entre Sabugo y el entorno de la ría, parando en sidrerías donde la sidra se escancia como manda la tradición y donde platos de cuchara como el pote o la fabada siguen siendo el corazón del menú. El cachopo, la longaniza de Avilés y los pescados y mariscos del Cantábrico completan un recetario que cualquier visitante debería probar al menos una vez.
Esta base tradicional no es solo un capricho para turistas: es la despensa que, años después, inspiraría a un cocinero peruano recién llegado a España a mirar la cocina asturiana con otros ojos. Ahí es donde entra la segunda parada obligatoria de esta ruta.
Ronda 14: la fusión nikkei que echó raíces en el casco histórico hace 14 años

En 2011, el chef limeño Mario Céspedes y Conchi Álvarez abrieron en la calle Alfonso VII las puertas de Ronda 14 Avilés, el primer restaurante de la ciudad en servir ceviche, tiradito y sushi nikkei. Céspedes había pasado antes por cocinas de Cataluña, Madrid y Asturias tras dejar Perú en 2006, y fue precisamente en el Principado donde decidió, junto a Conchi, dar forma a un concepto que en aquel momento no existía en la región: la cocina peruano-japonesa fusionada con producto y técnica asturianos.
Lo que en su día fue una apuesta arriesgada, llevar sabores tan lejanos a una ciudad consagrada a la tradición local, se convirtió en poco tiempo en un referente que después se replicaría en Madrid y Pozuelo de Alarcón.
En Ronda 14, la cocina se asienta sobre tres premisas que no han cambiado desde el primer día: el mejor producto posible, una ejecución impecable de fondos y técnicas, y la fusión entendida como libertad creativa, no como moda pasajera. Ese espíritu es el que explica que en la misma carta convivan un tiradito a la crema de ají amarillo y unos cachopines de ternera con queso de cabra y setas: dos mundos que, en Avilés, ya no se entienden el uno sin el otro.
Qué pedir si es tu primera vez en Ronda 14

Si nunca has probado la cocina nikkei, la carta de Ronda 14 puede parecer un territorio desconocido. La buena noticia es que está pensada precisamente para eso: para que cualquiera, venga de la tradición asturiana o de la curiosidad por lo nuevo, encuentre un punto de entrada fácil. La clave está en combinar un par de piqueos de fusión con algo de sushi y, si el grupo lo permite, algún plato que tienda un puente directo entre Perú, Japón y Asturias.
| Plato | Por qué pedirlo |
|---|---|
| Tiradito a la crema de ají amarillo | El plato más representativo de la casa; textura suave y picante equilibrado, ideal para empezar |
| Ceviche nikkei con puré de boniato | Versión propia del ceviche clásico, con un punto dulce que suaviza la entrada al picante peruano |
| Cachopines de ternera con queso de cabra y setas | El guiño más directo a Asturias, servido en formato piqueo para compartir |
| Nigiri-hamburguesa de wagyu, rocoto y queso azul | El plato más fotografiado de la carta y la mejor puerta de entrada al apartado de sushi |
| Patata rellena de carne guisada | Recuerda al recetario asturiano de toda la vida, pero con el sello nikkei de la casa |
Con esta combinación se recorre, en una sola mesa, buena parte de lo que hace única a la propuesta: el tiradito que se ha convertido en firma de la casa, un sushi con acento propio y esos platos que reconocen tanto quienes vienen buscando fusión como quienes solo querían probar un buen cachopo.
Completa la ruta: sidrerías, terrazas y el ambiente del casco histórico
Una visita gastronómica a Avilés se disfruta mejor si no se limita a una sola parada. El casco histórico invita a alternar una sidrería tradicional para el aperitivo con una comida más pausada en un restaurante de autor, y a rematar la tarde paseando junto a la ría hasta el Centro Niemeyer.
Muchas de las sidrerías centenarias de la zona siguen trabajando con el mismo recetario de siempre (fabada, callos, pescados a la plancha) y son un contrapunto perfecto a una propuesta como la de Ronda 14, que precisamente nació para dialogar con esa tradición, no para competir con ella.
De hecho, esa es la razón por la que los platos más representativos de la cocina asturiana conviven en la misma carta con el ceviche nikkei: el proyecto de Mario y Conchi siempre buscó ser un punto de encuentro, no una alternativa a lo local.
Si vas a organizar una escapada gastronómica a Avilés, lo más práctico es reservar con antelación, sobre todo en fin de semana: Ronda 14 suele llenar sus mesas turno tras turno, y lo mismo ocurre con las sidrerías más conocidas del centro.
Entre la fabada de siempre y un tiradito que en 2011 nadie esperaba encontrar en esta villa, Avilés se ha convertido en una de esas ciudades que se visitan por sus calles y se recuerdan por su mesa. Puedes reservar tu mesa en Ronda 14 Avilés para comprobarlo en persona.
